Hay ideas que no caben en una frase. Viven en el borde entre el color y el silencio, entre lo que se mueve y lo que todavía no. Esta es una de ellas.
Primero está la intuición. Un peso en el pecho, una forma sin contorno. Todo lo que después llamaremos obra empieza siendo eso: una presión, una inclinación, un color que todavía no sabe que es un color.
El lenguaje llega tarde. Siempre llega tarde. Llega a ponerle nombre a algo que ya estaba pasando, y al hacerlo lo fija, lo congela, lo vuelve posible de compartir pero imposible de volver a sentir por primera vez.
Esta colección es un intento de quedarse en ese umbral. No explicar. No concluir. Solo mostrar el instante antes de que la palabra aterrice.